El matrimonio es una vocación y un sacramento, en el que con la gracia que Dios les da; un hombre y una mujer aceptan fundar una familia, que con los hijos que reciban de Él deben fundar una comunidad de vida y amor que de acuerdo con el plan de Dios, alcancen la salvación.
La Vocación Laical es la primera gran vocación de la Iglesia. El laico, es todo bautizado que mediante este sacramento ha entrado a formar parte del pueblo sacerdotal. A él, le corresponde ordenar el mundo según el plan de Dios para el bien de todos los hombres. La secularidad y la ciudadanía son el acento propio de los laicos, que distingue de modo específico su misión apostólica de la del ministerio ordenado y de los religiosos.
El sacerdocio ministerial es una vocación y un sacramento de servicio. El sacerdote es un hombre llamado por Dios para ser servidor de la comunidad de los bautizados. Los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor (PDV n.15). El sacerdote es otro Cristo.
Los institutos de vida religiosa constituyen la forma más conocida de la vida consagrada en la Iglesia; el Catecismo de la Iglesia Católica establece las distintas formas de vida consagrada: eremítica, vírgenes consagradas, religiosa, institutos seculares y sociedades de vida apostólica”
(CIC 914-930).